Cuando martilla la sien
y se asoma el malestar,
abrimos paso al alivio,
calmantes y a andar.
Si el ruido late en la frente
como un reloj sin perdón,
una pastilla paciente
calma el pulso del dolor.
La cabeza pide descanso,
pero el día sigue en pie;
cuando el dolor da su paso,
ibuprofeno otra vez.

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