Dos gatos se inclinan ante la planta sagrada,
ojos como lunas, mirada enamorada,
la hoja se mece, verde y perfumada,
y el tiempo se detiene en su calma adorada.
Rondan sus tallos con paso sigiloso,
bigotes en rezo, silencio curioso,
la planta los mira, misterio frondoso,
y el mundo se vuelve pequeño y dichoso.


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