Del brote muerto en sombra sepultado
nació un latido tibio y persistente,
la noche lo creyó ya condenado
y el pulso verde respondió valiente.
De la oscuridad rota por su empeño
alzó raíz, memoria y nuevo aliento,
renacer fue vencer al viejo sueño
y hacer de la ceniza un juramento.

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