En la cima blanca y fría,
bajo el cielo azul brillante,
saboreo en armonía
el sushi más elegante.
El viento canta y resuena,
la nieve al sol centellea,
mi alma, libre de pena,
en arroz y mar se recrea.
Palillos, calma y paisaje,
un festín en lo infinito,
la montaña es mi paraje,
y el sushi, mi rito escrito.

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