No es sombra, ni es grito, ni es frío,
ni el eco que acecha al umbral;
el miedo más hondo, sombrío,
es verse a uno mismo al final.
El terror no habita en la noche,
ni en bestias sin forma ni piel;
se esconde en el leve reproche
del alma que ya no es fiel.
Temblamos por sueños perdidos,
por tiempos que no volverán;
el horror son los pasos oídos
del ayer que nos viene a buscar.

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