Entre ollas y destellos,
un alquimista ha de andar,
buscando en aromas bellos
el sabor de lo inmortal.
En la fruta aún dormida,
en el grano por brillar,
late el pulso de la vida
que se quiere revelar.
Y en la llama del anhelo,
cuando todo llega a arder,
nace el gusto, nace el cielo,
lo imposible por comer.

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