La tierra acoge en su regazo
al cuerpo que la vida deja,
y con respeto y sin rechazo
se cierra así nuestra madeja.
Enterramos con el amor
que en vida supo acompañarnos,
y aunque nos duela el gran dolor,
es forma digna de cuidarnos.
Es rito antiguo y necesario,
gesto final de humanidad,
dar descanso al cuerpo diario
y honrar su luz con dignidad.
La tumba guarda la memoria,
semilla de lo que perdura;
enterrar no borra la historia,
la deja viva y más segura.

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