Si en San Valentín tú aceptas
el dulce que el amor ofrece,
tu gesto callado confiesa
que un sentimiento florece.
Un bombón no es solo un dulce,
es promesa envuelta en brillo,
y al tomarlo, el alma impulsa
un «sí» que late sencillo.
Rechazarlo es negar sueños,
aceptarlo es dar un paso,
es abrir con dulces manos
el calor de un tierno lazo.

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