¿Y si el cielo juzga mal al alma,
por un error de luz o de memoria,
y la virtud se queda sin su palma,
perdida entre las sombras de otra historia?
Quizá el infierno arde por descuido,
castiga al justo por vieja apariencia,
y Dios, mirando al mundo en su latido,
duda del peso exacto en la balanza.
Tal vez ninguno acierta en el destino,
ni el bien se salva, ni el mal se condena;
que el juicio eterno no tiene camino
cuando el error también lleva cadena.

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