Con manos al aire y gran devoción,
imagino teclas con el corazón.
No hay piano aquí, sólo mi intención,
y un vals que flota sin dirección.
Mis dedos danzan sin dar un sonido,
el silencio ríe, cruel y escondido.
Mas mi alma toca, fiel, sin ruido,
una sonata que nadie ha oído.
Frente al vacío, me siento a soñar,
tocando un piano que sabe volar.
Tal vez no suene, pero al pulsar,
la música empieza a imaginar.

Deja un comentario