Entre la luz y el juicio eterno,
habita el alma sin condena,
sin gloria ni castigo interno,
sólo espera en calma plena.
No es cielo, infierno ni dolor,
es sombra tibia, sin pecado,
donde reposa el soñador
que a Dios no fue bautizado.
Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.
Entre la luz y el juicio eterno,
habita el alma sin condena,
sin gloria ni castigo interno,
sólo espera en calma plena.
No es cielo, infierno ni dolor,
es sombra tibia, sin pecado,
donde reposa el soñador
que a Dios no fue bautizado.
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