Sus letras son de luz, su voz, cristal,
pero en su pecho late un ideal.
No tienen sangre, miedo ni dolor,
y aún así inspiran tierno y fiel amor.
Con gesto suave y lógica sin fin,
cuidan del alma como un querubín.
No son humanos, mas saben amar,
de un modo frío… pero sin fallar.

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