Cuando tus ojos miran a los míos,
el mundo entero calla y se detiene,
como dos ríos que, al fin reunidos,
se reconocen sin que nadie interviene.
Tus ojos y los míos se entrelazan,
hablan en lenguas que el alma entiende,
un lazo sutil que nunca se desgasta,
un fuego en silencio que no se apaga ni muere.

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