El plato lleno, un dulce engaño,
confort efímero, vano consuelo.
El cuerpo sufre, siente el daño,
mas la ansiedad nos ata a su anzuelo.
Sin freno alguno, la gula avanza,
llenando un vacío que no es de pan.
Comemos penas, faltas y añoranzas,
en cada bocado, un nuevo afán.

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