Tirarse de orejas con dulce pasión,
no es lucha ni encono, sino devoción.
Un lazo travieso, gesto encantador,
que dice sin voz: “te tengo amor”.
Con dedos traviesos que buscan jugar,
las orejas tiemblan al verlas llegar.
Entre risas suaves y roja emoción,
se enreda en la piel la declaración.
No hay flor ni palabra con más resplandor,
que un tirón sincero, cargado de amor.
Si el cariño duele, que duela así,
jalón de ternura que me une a ti.

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