Cuando el alma se me enfría,
y el genio se vuelve gris,
como arándanos al día,
¡y se endulza el barniz!
Truena dentro mi cabeza,
no hay consuelo en el café,
pero el fruto de nobleza
me sonríe: “¡ya pasé!”
Azulito y pequeñín,
cura penas con sabor,
más eficaz que un jardín
cuando estoy de mal humor.

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