Caí entre sombras, las risas se apagaron,
mis dientes crujieron bajo el dolor,
pero los labios, solos, se alzaron,
como una mueca hecha de rencor.
Un golpe seco, sangre entre las risas,
la luna observa con su brillo impío,
y en mi reflejo, surgen las cenizas
de una sonrisa que ya no es la mía.
Rompí mi boca contra la verdad,
y cada diente se volvió sentencia,
más aún sonrío —pura oscuridad—
con la elegancia de la decadencia.

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