Las manos no son solo piel y huesura,
son lenguas suaves que saben hablar,
si tocan con alma, dan dulzura,
si no saben amar, pueden dañar.
No basta el deseo, ni el fuego encendido,
ni el ansia que a veces quema la piel,
las manos que aman, tocan con sentido,
como quien reza, con mimo y con miel.
Hay manos que curan, otras que hieren,
y están las que aprenden su vocación:
dar sin tomar, cuando los cuerpos quieren,
ser puente sutil del corazón.

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