En la penumbra tiembla el alarido,
sirena herida rasga el callejón.
Va la esperanza a todo su latido,
roja y azul, fugaz como un ciclón.
Cruzan la sombra, niebla y semáforo,
eco de angustia bajo el azabache.
Los sueños tiemblan en cada centímetro,
la noche escucha, pero no se empacha.
Luces que lloran sobre los balcones,
el barrio reza desde su rincón.
Cada sirena carga mil nombres,
y un mundo entero dentro de un botón.

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