El asiento no quiso ayudar,
la dureza lo quiso arruinar,
y ahora camino dolido y maltrecho,
¡culpa del banco mal hecho!
Un día, sentado en la esquina,
el dolor me llegó sin rutina,
grité hacia el cielo: “¡Qué lío tan cruel!”,
¡mi trasero se siente papel!
El cansancio se vuelve mortal,
cuando el asiento es rival,
mi trasero reclama clemencia,
¡mejor me levanto con prudencia!

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