Un susurro cruza el viento,
y el alma vibra en su andar,
la piel se vuelve instrumento,
de un mundo que sabe hablar.
Un pétalo al roce hiere,
y un perfume es tempestad,
el corazón siempre muere,
de amor o de soledad.
El mundo late profundo,
como un eco en el cristal,
y en su fragor tremebundo,
la sensibilidad es caudal.

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