Amor, tirano juez de los sentidos,
condena sin clemencia al corazón,
con palabras que hieren y gemidos,
en su cárcel de fuego y de ilusión.
Denuncia el alma rota su desvelo,
testigo del engaño y el dolor;
más el amor se burla desde el cielo,
con flechas que despiertan otro ardor.

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