Entre el cielo y la tierra, un silencio flota,
como el murmullo de una brisa que no se atreve a ser voz.
Es un espacio eterno, donde el tiempo se pausa,
y las palabras duermen en el aire, suspendidas sin razón.
Allí, donde el azul se funde con la piel de los campos,
y las nubes deshacen sus pasos en algodones dispersos,
el silencio es un eco que nunca fue grito,
un suspiro sin dueño, un latido sin peso.
Es el vacío sagrado donde descansan las almas,
el eco que respira en los márgenes del viento.
Entre cielo y tierra, no hay distancia ni forma,
solo un sueño callado que une lo inmenso.
Es el lenguaje del cosmos, lo que nunca se dice,
la paz entre lo que existe y lo que aún no es.
En ese silencio, se escribe el destino,
y en su quietud, la vida se abre otra vez.

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