Entre luces brillantes y pantallas de cristal,
se alzan voces huecas en un mundo virtual,
influencers de sombra, sin peso ni sustancia,
debaten sin fin, sin dejar una estampa.
Hablan de todo, sin decir nada,
sus palabras flotan, sin alma ni espada.
En sus labios, la moda, el chisme, el rumor,
pero nunca el eco de un sincero clamor.
Sus debates son niebla, dispersos al viento,
discuten por nada, sin un fundamento.
Cada postura, de espuma y cartón,
se disuelve en el aire como una canción.
Buscan la fama, no la verdad,
son ecos del ruido, sin profundidad.
El mundo los escucha, pero sin escuchar,
porque lo que debaten, nada va a cambiar.
¿Dónde está el fuego? ¿Dónde la pasión?
En las redes se apagan, sin una razón.
Son fuegos fatuos, brillan y se van,
dejando en el alma solo un frío afán.
Así pasa el tiempo, entre likes y palabras,
debates inertes, voces que no hablan.
Y mientras ellos juegan a ser la verdad,
el mundo espera… por algo de realidad.


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