Un cornudo mentiroso en la vida se pasea,
con sonrisa de serpiente y mentira que cojea.
Su palabra, como un eco, en los muros va rebotando,
pero todos ya lo saben, sus mentiras van volando.
Dice que su amor es puro, que su casa es un castillo,
pero el eco de sus pasos revela un cruel cuchillo.
La traición que lo persigue, como sombra en la pared,
le arranca el falso orgullo, y le quita hasta la fe.
Se envuelve en su teatro, en la farsa que ha inventado,
sin saber que las verdades le caminan a su lado.
Finge risas, finge gloria, mientras el mundo lo ve,
con los cuernos bien brillantes que lo traen del revés.
Pero aún miente, con descaro, se convence en el espejo,
que su vida es todo un sueño, que él no tiene algún complejo.
¡Pobre diablo! Se traiciona, no hay mayor maldición,
que ser el rey de las farsas… y cornudo de corazón.

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