Entre sombras de luna clara,
bajo el susurro de un viejo rosal,
yace un hada con ala quebrada,
su luz titilando, a punto de apagar.
Sus ojos reflejan un cielo de otoño,
pintado de triste melancolía,
mientras sus alas, antaño doradas,
se rompen en cristales de fría agonía.
El viento le canta una nana lejana,
con ecos de tiempos que ya no vendrán,
y las flores que un día danzaban con ella
ahora la envuelven en su soledad.
Su risa se ha ido, perdida en el eco,
y el polvo de estrellas que antes solía
iluminar con destellos su vuelo,
ahora se escurre, cual lágrima fría.
Pero en su pecho, aún late un destello,
un fuego pequeño, que lucha en su ser.
Pues aunque herida, el hada recuerda
que en la noche más oscura, hay luz por nacer.
Y aunque su vuelo se vea detenido,
las alas sanarán, lo sabe su piel.
El hada herida, aún siendo caída,
renacerá en la aurora, más fuerte que ayer.

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