En el fragor de la batalla, nacen sombras,
donde el silencio se quiebra en cada esquina,
las kills danzan, cual viento en la penumbra,
llevando el eco de una vida que culmina.
Con sigilo, se desliza el disparo,
como rayo que atraviesa la tormenta,
cada kill es un rugido, un faro
que brilla en la oscuridad violenta.
No hay gloria en la mirada de quien cae,
ni en la mano que con furia se abalanza,
pero hay un fuego que jamás se apaga,
en el que lucha, en el que mata y avanza.
Las kills, monedas de un juego implacable,
pagan el precio de un destino incierto,
donde el cazador y la presa son iguales,
y el fin se encuentra en cada paso abierto.
Así, en el campo de batalla eterno,
las kills escriben su leyenda breve,
en cada disparo, en cada cuerpo inmerso,
el alma tiembla… y el acero llueve.

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