Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

La maldad de las gatas, tan sutil y ligera,
se oculta en sus pasos, en la noche de seda.
Sus ojos, dos lunas que brillan en sombras,
te observan en calma mientras traman sus hondas.

Con garras de terciopelo y un maullido tan suave,
parecen tan dulces, pero esconden su clave.
Te atraen con su gracia, te envuelven en calma,
y cuando menos lo esperas, rasguñan tu alma.

Saltan por las sombras, deambulan a su antojo,
y juegan con el mundo, sin pedir ningún ojo.
Te miran, te ignoran, te vuelven un juguete,
su malicia es un arte, su engaño, un banquete.

Te buscan al hambre, pero al saciarse, se esfuman,
dejando en su huella el misterio que abruman.
Y aunque las ames, aunque ruegues su afecto,
las gatas son reinas, nunca siguen un recto.

Esa es su maldad, suave, oculta y latente,
que te envuelve en su danza y te engaña la mente.
Pero, quién resistiría su brillo, su calma,
si incluso su maldad embriaga el alma.

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