Las viejas historias de siempre,
esas que el viento susurra al pasar,
viven en el eco de un tiempo distante,
donde la luna se niega a olvidar.
Hablan de amores que nunca murieron,
aunque el reloj no cesó de girar,
de héroes que en sombras se convirtieron,
pero en la memoria lograron quedar.
Cuentan de mares que nunca se calman,
y de montañas que saben callar,
de voces antiguas que, al caer la tarde,
como un eco lejano, vuelven a hablar.
Las viejas historias de siempre persisten,
en cada rincón donde late un pensar,
tejiendo entre sueños y lágrimas dulces,
el hilo sutil de lo que fue y será.
Son las estrellas, en noches de invierno,
quienes las guardan y dan de contar,
y en el suspiro del viento que cruza,
reviven de nuevo en su eterno cantar.

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