Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

En la quietud de la noche serena,
donde los sueños flotan en la penumbra,
una gata traviesa despierta su esencia,
con ojos de luna y pasos de espuma.

Ella desliza su cuerpo felino,
silenciosa como sombra en el suelo,
y en la despensa encuentra el destino,
de los sacos de comida, su duelo.

No hay muro ni puerta que frene su instinto,
ni cerradura que detenga su afán,
con sus garras afiladas y su olfato extinto,
rompe los sacos, no hay vuelta atrás.

El aroma se expande, es un festín,
croquetas vuelan como hojas al viento,
ella se regodea en su propio festín,
mientras la cocina es puro descontento.

Pero quién podría enojarse al verla,
tan libre, tan dueña de su propio caos,
con un ronroneo que la calma envuelve,
la gata traviesa ha ganado, sin pausa.

Y aunque al amanecer, la escena desvela,
los restos de un banquete improvisado,
en su mirada, una chispa revela,
que la travesura es su arte más amado.

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