En el vasto lienzo del tiempo,
dos almas se encuentran, fugaces,
como estrellas que se rozan
en un cielo infinito de recuerdos.
Eran amantes en un ayer distante,
donde el viento susurraba sus nombres
y el océano reflejaba sus deseos,
bajo lunas que nunca envejecen.
Pero el tiempo, ese guardián implacable,
teje hilos invisibles entre sus manos,
desdibuja los rostros, borra las huellas,
aunque sus corazones laten al unísono.
Ellos se buscan en las eras perdidas,
en las sombras de cada amanecer,
y en los ecos de risas olvidadas,
que vibran aún en las grietas del ser.
Cada vida es un reencuentro,
un suspiro en la eternidad.
Hoy se abrazan como ayer,
mañana volverán a empezar.

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