Empieza la vida en un suspiro,
un «start» que despierta el sol.
La chispa que rompe el silencio,
una melodía que busca su voz.
Arranca el motor del día,
el pulso del tiempo se activa,
se abre la flor de la esperanza,
y el mundo gira con prisa viva.
Pero en la sombra del tiempo,
el «stop» acecha con calma,
es el susurro que avisa,
la pausa que trae la calma.
El fin es un descanso sereno,
un «stop» que cierra la danza,
la luna se inclina en el cielo,
y el día se entrega a la nada.
Entre «start» y «stop» vivimos,
un ciclo que nunca se frena,
somos notas en una sinfonía,
donde cada pausa es plena.
Así, en el vaivén del destino,
bailamos entre luces y sombras,
empezando y parando el camino,
hasta que el silencio nos nombra.

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