Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

El auricular abraza mi oído,
un susurro de notas en suave derroche,
pero el dolor, cual filo escondido,
se clava profundo, al ritmo de un broche.

La melodía que antes volaba en el viento,
ahora se enreda en un lazo de espinas,
cada acorde es un grito violento,
que en mis tímpanos teje cadenas finas.

El bajo retumba, golpea mis sienes,
como un martillo en el yunque frío,
las voces que cantan se vuelven cadenas,
y el placer de escuchar se convierte en vacío.

Quisiera arrancarme el eco doliente,
silenciar la tormenta que ruge en mi ser,
pero la música, aun siendo hiriente,
es un veneno al que no sé vencer.

Así, entre notas y punzadas quedo,
en la paradoja de amar lo que duele,
una danza de sombras en mi oído enredo,
mientras el dolor su dominio sostiene.

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