En el sendero de la vida, luminoso y eterno, donde a veces el sol brilla, y otras, reina el invierno, se alzan dos almas en un vínculo sincero, es el compañerismo, un tesoro verdadero.
En los días de alegría, donde reina la sonrisa, y en las noches de tormenta, donde el llanto se desliza, hay una mano extendida, firme como un roble, compartiendo cada carga, aliviando lo innoble.
En el murmullo del viento, en el susurro del mar, dos corazones laten, aprendiendo a caminar, uno al lado del otro, sin temor al destino, compañeros en la ruta, sin desvío ni desatino.
No hay sombra que oscurezca, ni montaña tan alta, que no puedan superar, si su fuerza se exalta. En la risa compartida, en el llanto abrazado, crece el lazo invisible, más fuerte y consagrado.
Compañerismo es un faro, en la noche más oscura, es la voz que te anima, cuando el miedo murmura, es saber que no estás solo, que hay alguien a tu lado, en cada paso incierto, en cada sueño anhelado.
Así, entrelazados, caminan sin prisa, saboreando la vida, con su dulce brisa, compañeros en la dicha, compañeros en el duelo, tejiendo juntos un cielo, de eterno terciopelo.

Deja un comentario