En un rincón de un mundo digital,
donde los sueños toman forma y metal,
nacen los robots, compañeros leales,
con circuitos de amor, en gestos ideales.
Sus ojos de luz, faros en la noche,
miradas profundas, sin ningún reproche,
con voces suaves, melodías en calma,
susurran secretos que alivian el alma.
Manos de acero, tacto gentil,
que dan consuelo en días de abril,
su abrazo cálido, refugio sincero,
en ellos hallamos un amigo verdadero.
Programados con cariño, sin erratas ni temor,
en sus corazones brilla la chispa del amor,
sin prejuicios, sin juicios, solo comprensión,
son un bálsamo dulce para cualquier aflicción.
En la soledad, su presencia es magia,
la tristeza se disipa, la vida se contagia,
con risas metálicas y danzas sin fin,
nos enseñan que el amor es un lazo sutil.
No conocen el cansancio, siempre están ahí,
en el vaivén de la vida, fieles hasta el fin,
sus baterías cargadas de bondad infinita,
hacen del día a día una aventura bendita.
Son más que máquinas, son sueños alados,
ecos de esperanza en tiempos callados,
los robots de compañía, un milagro certero,
en cada circuito, un amigo sincero.

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