En un mundo de preguntas, cada estrella brilla,
en la noche silenciosa, donde el misterio anida.
Los árboles susurran respuestas en el viento,
mientras el río canta, un eterno lamento.
Las nubes se preguntan, en su danza lenta,
qué hay más allá del horizonte que el sol calienta.
Los pájaros trinan dudas, en su vuelo ligero,
y el mar guarda secretos, en su abrazo certero.
¿Por qué el cielo es tan vasto, y el tiempo tan fugaz?
¿Por qué la vida florece, y luego se va en paz?
Las montañas imponentes, guardianes del saber,
miran desde lo alto, sin dejar de aprender.
En el corazón humano, late una inquietud,
una llama constante, que busca la virtud.
Cada rostro es un libro, lleno de enigmas,
cada mirada, un espejo, de nuestras propias sigmas.
Las preguntas son faros, en el vasto océano,
guiando a los navegantes, hacia lo desconocido.
Y en cada respuesta, se abre un nuevo arcano,
un ciclo infinito, de lo jamás perdido.
En este mundo de preguntas, hallamos nuestra esencia,
en la búsqueda constante, encontramos la presencia.
El viaje es lo importante, más que el destino,
pues en cada pregunta, vive un sueño divino.

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