En la noche oscura, entre sombras y suspiros,
acechan los ladrones de corazones,
furtivos y sigilosos como vientos errantes,
roban en la penumbra los amores.
Con artimañas de encanto y hechizo,
tejen sus redes de pasión y engaño,
seducen con palabras como besos,
y dejan tras de sí un rastro extraño.
En sus manos, los corazones son tesoros,
que guardan con egoísmo y desatino,
sin pensar en los sueños ni en los lloros,
que causan con su actuar clandestino.
Pero cuidado, dulce enamorado,
que en la oscuridad no todo es lo que parece,
y tras la máscara del desvelado,
se esconde el rostro de aquel que desvanece.
Que en este juego de pasión y desencanto,
los ladrones de corazones también son víctimas,
perdiendo en su afán por un amor malsano,
la luz que ilumina sus almas mismas.
Así que guarda bien tu corazón querido,
y no te dejes engañar por vanas promesas,
que entre los ladrones de amor perdido,
la verdadera fortuna es la que se confiesa.

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