En la hora oscura, cuando la luna se esconde,
y las sombras se alargan en la noche profunda,
surge la bestia, de la tierra y el aire,
con sus ojos de fuego y su rugido salvaje.
Es el día de la bestia, temido y ansiado,
cuando los corazones tiemblan y el miedo es despertado.
En cada esquina se siente su aliento caliente,
mientras la tierra tiembla bajo sus garras potentes.
Susurra el viento su nombre en susurros helados,
y las estrellas titilan, con miedo enamoradas.
Es el día de la bestia, el terror se desata,
y en su sombra la esperanza se desbarata.
Pero en medio de la oscuridad, un rayo de luz se cuela,
la valentía surge, como llama en la niebla.
Porque aunque la bestia aceche con sus fauces abiertas,
la humanidad persiste, con sus almas alertas.

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