En la calva suave de un hombre sin pelo,
diez piojos se encontraron un día al vuelo.
En su pequeño reino, comenzaron a reinar,
explorando cada rincón, sin pausa ni tregua, sin cesar.
Uno se perdió entre las montañas del cráneo,
otro bailaba en la superficie sin daño.
Algunos buscaban un lugar donde anidar,
mientras que otros solo querían saltar y saltar.
Los piojos en la cabeza del calvo,
en su mundo diminuto, se hallaban envueltos.
Exploraban cada hueco con gran curiosidad,
sin importarles la falta de cabello en su andar.
Y el calvo, ajeno a este mundo diminuto,
ni sentía ni veía su bullicio absoluto.
Quizás se preguntaría, si de ellos sabría,
o simplemente ignoraba su presencia día a día.
Así es la vida en la cabeza de un calvo,
donde diez piojos encuentran su salvo.
Un universo minúsculo en constante ajetreo,
en la calva suave, donde hacen su recreo.

Deja un comentario