En el jardín de la vida, donde el tiempo se despliega,
brotan flores con fragancias que el alma recoge y lleva.
Entre pétalos de luz y sombras, en la danza del destino,
se alzan las flores, efímeras, en un susurro divino.
Cada una, una historia, un destello en el camino,
un eco de eternidad en este fugaz destino.
En el ocaso del viaje, cuando el alma se despliega,
las flores se alzan, serenas, en una última entrega.
Sus colores son susurros en el viento de la tarde,
y sus formas, como abrazos, para el alma que parte.
En cada pétalo un recuerdo, en cada aroma un suspiro,
un poema que se eleva hacia el cielo, puro y límpido.
No son flores de luto, sino de amor y despedida,
que en su fragancia encierran la esencia de la vida.
Que en la tierra encuentran reposo, en el cielo hallan guarida,
las flores para la muerte, un poema en despedida.

Deja un comentario