En las profundidades del océano ancestral,
donde las olas susurran secretos milenarios,
se alza majestuoso, coloso primordial,
el megalodón, en su reino legendario.
Sus aletas danzan con la brisa marina,
un ballet acuático de gracia y poder,
su sombra titánica, una estampa divina,
es la esencia misma de la majestuosidad de su ser.
Con dientes afilados como dagas de coral,
corta las aguas con elegancia y destreza,
un gigante eterno, un mito sin igual,
su presencia es pura poesía en la naturaleza.
En la vastedad azul, un fósil viviente,
testigo de eras en su piel rugosa,
el megalodón, un ser imponente,
una oda a la belleza, grandiosa y hermosa.
En sus ojos profundos, el reflejo del océano,
una mirada que encierra secretos de antaño,
guardián de las aguas en su mágico emano,
el megalodón, un poema en el vaivén del año.
Que la maravilla de este titánico ser,
inspire respeto y asombro sin igual,
pues en su estampa eterna, podemos ver
la belleza que el tiempo no pudo marchitar.

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