En la penumbra de la noche fría,
una cabeza yace, sombra sombría.
Cortada de su tronco, desamparada,
un misterio en su mirada, en la madrugada.
Crispante cuchilla, sin piedad,
separó la vida, en brutal verdad.
Silencio profundo, eco de un suspiro,
la cabeza yace, en su último susurro.
En la piel palidez, reflejo del destino,
ojos cerrados, un eterno desatino.
Cabellos desordenados, como sombras danzan,
en el reino de lo macabro, su alma descansa.
¿Qué secretos guardaba en su interior?
La cabeza calla, en silencio dolor.
¿Quién cortó su lazo con la existencia?
Un enigma que se oculta, sin resistencia.
En el rincón oscuro, la realidad se desangra,
la cabeza cortada, en la noche se estrangula.
Un poema sombrío, de tragedia pintado,
donde el misterio eterno, queda grabado.

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