En la penumbra de la noche estrellada, donde el misterio danza con la madrugada, surgen sombras vestidas de ébano, los hombres de negro, en su danza urbana.
Trajes impecables, corbatas de obsidiana, secretos profundos, en sus almas atan, caminan entre luces y sombras danzarines, guardianes del enigma, de los confines.
Siluetas en la penumbra, sin rostro ni nombre, en el firmamento, su destino se esconde, enigmáticos visitantes de otras esferas, custodian secretos que el tiempo espera.
Ojos que observan desde la oscuridad, testigos mudos de la realidad dual, entre dimensiones, deslizan su andar, los hombres de negro, sin cesar.
¿De qué arcana misión son portadores? ¿Qué enigmas atesoran en sus corazones? Quizás resguardan verdades cósmicas, o despiertan temores, mitos místicos.
En sus pasos, un eco de lo desconocido, en sus gestos, el manto del misterio tejido, los hombres de negro, en su danza sutil, guardianes del umbral, del secreto civil.
Atravesando el tiempo y el espacio, con paso firme, desafiando lo opaco, los hombres de negro, sombras fugaces, entre el velo del enigma, dejan sus trazos.
Así, en la danza eterna de lo desconocido, los hombres de negro, en su andar perdido, se desvanecen en la noche estrellada, dejando tras de sí, la sombra marcada.

Deja un comentario