Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

En la penumbra de la copa amarga, donde el licor es sombra que embriaga, se desliza el alma, perdida y errante, entre destellos de una noche constante.

En el cristal, reflejo de tormento, se ahoga el eco del lamento, el aliento de quien busca olvido, en el vino, en la botella, perdido.

Las sombras bailan en el bar oscuro, donde el alcohol es un cruel conjuro, cadenas que atan al alma sedienta, en una danza sin salida, violenta.

La risa es un eco, un suspiro disfrazado, mientras el vino, amargo aliado, nubla la mente, embriaga el sentido, cual amante triste, siempre escondido.

En cada trago, se ahogan las penas, se diluyen las lágrimas, las cadenas, pero al final, queda un amargo vacío, un eco de soledad, un frío sombrío.

Oh, alcohólico, en tu laberinto de cristal, ¿dónde se esconde tu paz celestial? En cada botella, una ilusión efímera, que desvanece la esperanza sincera.

En la penumbra de la copa caída, donde el alcohol es sombra compartida, una plegaria por aquellos perdidos, en el laberinto de sus propios olvidos.

Deja un comentario