Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

En un reino de diminutas maravillas, donde la hierba es un vasto bosque, las hormigas danzan con destreza, y su coraje es una inquebrantable armadura.

Los leones, majestuosos y altivos, reinan con orgullo en su selva real, pero las hormigas, en su humildad, tejen sueños con hilos de labor.

Bajo el sol ardiente, en la arena dorada, se gesta una épica, un cuento sin igual, donde el tamaño es solo un matiz, y la valentía es la moneda capital.

Las hormigas, cual ejército incansable, forjan alianzas, tejen planes intrincados, sus patitas marchan con firmeza, mientras los leones rugen confiados.

El reino murmura de intrigas sutiles, las hormigas, cual sombras imperceptibles, tejen un hechizo, un intrépido arte, preparándose para el épico embate.

En la quietud de la selva, la batalla comienza, las hormigas avanzan, pequeñas y decididas, los leones rugen, poderosos y altivos, en un enfrentamiento que desafía las leyes conocidas.

Con estrategia ingeniosa, las hormigas avanzan, al corazón del reino, donde la fuerza no es ley, los leones, deslumbrados por la astucia pequeña, se ven envueltos en un enigma de hormigas como buey.

Las patas diminutas danzan con agilidad, mientras los leones, confundidos, pierden pie, las hormigas, valientes, conquistan la selva, y en su hazaña, la grandeza se ve.

Así, en este cuento de proporciones extrañas, las hormigas, con astucia y unidad, derrotan a los leones, señores de la selva, demostrando que el valor no conoce vanidad.

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