Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

En tiempos antiguos, cuando el papel hablaba, y las palabras danzaban en cada pliegue, la tinta susurraba secretos de amor, en cartas que llegaban como suspiros al alma.

Oh, cómo anhelamos esos días dorados, donde las letras eran besos sellados, cada palabra, un susurro a la distancia, como notas de una melodía llena de fragancia.

Hoy, en la era digital, con mensajes fugaces, extrañamos el arte de recibir cartas con abrazos, el crujir del sobre, la calidez del papel, una conexión tangible, más allá de lo virtual.

Las cartas de amor, como pétalos delicados, caían en nuestras manos, llenas de emociones, expresiones puras de un corazón apasionado, pintando sonrisas en el lienzo de nuestras emociones.

El aroma de las páginas, impregnado de cariño, como un jardín de rosas en pleno rocío matutino, cada palabra, un verso de amor eterno, que resonaba en el alma como un dulce invierno.

Hoy, las pantallas brillan, pero algo falta, la magia de abrir un sobre, sentir la carta, la espera ansiosa, el palpitar del corazón, una experiencia única, un tesoro en extinción.

En la nostalgia de cartas perdidas en el tiempo, se teje la añoranza, como un suave viento, extrañamos el arte de expresar sin prisas, en cartas de amor, donde el alma se desliza.

Que regresen las cartas, con su encanto perdido, donde las palabras se escriben con amor prohibido, pues en la distancia, en la tinta y el papel, encontramos la esencia de un amor fiel.

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