En el rincón de la noche, en la penumbra fría, se extiende un manto de silencio que duele, un eco de ausencia que en el alma se anida, un susurro callado que en el pecho se hiela.
Se alzan las sombras, se esconde la palabra, entre susurros mudos, la soledad se abraza, como un lamento sutil que el corazón desgrana, en el rincón callado donde la tristeza enlaza.
Oh, silencio profundo, cruel en tu quietud, como cuchillos afilados cortando la virtud, un murmullo sin voz, un grito sin actitud, donde las lágrimas caen en busca de salud.
En la sinfonía del silencio, resonando dolor, se revelan secretos, se gesta el temor, cada ausencia una herida, cada pausa un rumor, una partitura triste, una canción de pesar.
Las palabras no dichas, flotan en el aire, se deslizan como sombras, sin poder apaciguarse, cargando consigo el peso de un deseo sin alcanzarse, en el silencio que duele, en este dolor amargo.
¿Qué secretos guardas, oh silencio impío? ¿Cuántos suspiros ocultas, cuánto desvarío? En tu abrazo callado, se desgrana el rocío, en el rincón de la noche, donde el alma se enfrío.
Así, en el lienzo del silencio, pinto versos de pena, una oda a lo callado, a la tristeza que envenena, pero quizás en el eco de este dolor se encomienda, la promesa de un amanecer donde la voz se libera.

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