En la penumbra silente, un hombre reposa, bajo el manto de estrellas, su alma se posa. No le gusta el murmullo que la noche trae, prefiere el silencio, su propio compás.
En su mundo callado, halla su refugio, donde las palabras no alteran su abrigo. En la quietud nocturna, sus pensamientos vagan, como sombras danzantes que en la oscuridad se enlazan.
No le gusta hablar por las noches serenas, cuando la luna derrama sus plateadas cadenas. Sus labios sellados, como secretos guardados, en el susurro del viento, encuentran su recado.
En el lenguaje del silencio, él es un maestro, su mutismo es poesía, un arte sincero. Entre sombras y estrellas, su historia se escribe, en el libro invisible que solo la noche percibe.
Quizás guardando sueños, o tal vez pesares, sus pensamientos callados, como versos en altares. No le gusta hablar, prefiere escuchar, los suspiros del universo, en la oscura paz.
Así, en la quietud de la noche profunda, se revela su esencia, su espiritual segunda. Un hombre de sombras, en la penumbra sutil, donde el silencio habla, y su alma resplandece sutil.

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