Había una pequeña ciudad rodeada por bosques oscuros y misteriosos. Los lugareños decían que esos bosques albergaban secretos ancestrales y criaturas que solo salían cuando la oscuridad caía. Entre los habitantes, se contaba la leyenda de «El Durmiente de los Sueños», un ser maligno que acechaba en la dimensión onírica, esperando a atrapar a aquellos que se aventuraban demasiado profundo en sus sueños.
Un joven llamado Alex, fascinado por las historias de terror, no podía resistir la tentación de explorar el mundo de los sueños. Una noche, después de un día agotador, se sumió en un sueño profundo y oscuro. Al principio, todo parecía normal, pero pronto se dio cuenta de que algo no estaba bien.
Se encontró caminando por calles desiertas y sombrías, donde la neblina se arrastraba como dedos fríos. Edificios antiguos y desmoronados se alzaban a su alrededor. Alex sentía una presión en el aire, como si algo estuviera observándolo desde las sombras. Trató de despertar, pero no podía.
A medida que exploraba aquel sueño retorcido, los recuerdos de las leyendas locales comenzaron a apoderarse de él. De repente, una figura oscura y alargada emergió de la oscuridad. Tenía ojos brillantes y malévolos que miraban directamente a través de Alex. Era El Durmiente de los Sueños.
Alex intentó correr, pero sus piernas se sentían como plomo. El Durmiente lo envolvió en una niebla negra y fría que lo paralizó. La criatura susurraba palabras incomprensibles en su mente, creando pesadillas vívidas que parecían más reales que el mismo sueño.
El joven luchó desesperadamente por liberarse de la pesadilla, pero cuanto más luchaba, más fuerte se volvía la presencia oscura. Cada intento de escape parecía alimentar el poder del Durmiente. La línea entre la realidad y el sueño se desdibujaba mientras Alex se sumergía más profundamente en el terror onírico.
Finalmente, con un esfuerzo sobrehumano, Alex logró liberarse de las garras del Durmiente. Despertó con el corazón latiendo aceleradamente, sudando y temblando. Aunque estaba de vuelta en el mundo real, no podía quitarse la sensación de que algo oscuro lo observaba desde las sombras de su habitación.
Desde esa noche, Alex vivió atormentado por pesadillas recurrentes. Se preguntaba si realmente había escapado del Durmiente o si solo había postergado su inevitable regreso. La línea entre el sueño y la realidad se volvió cada vez más borrosa, y la pequeña ciudad continuó sumida en el misterio de los sueños oscuros y la criatura que acechaba en las sombras.

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