Era una noche oscura y silenciosa. El cielo estaba despejado y las estrellas brillaban con intensidad. Una joven mujer, llamada María, dormía profundamente en su cama.
En su sueño, María se encontraba en un bosque oscuro y solitario. El viento soplaba con fuerza entre los árboles, creando un sonido aterrador. María sentía un miedo creciente en su interior.
De repente, vio una figura oscura a lo lejos. La figura se acercaba cada vez más, y María podía ver que era un hombre alto y delgado. El hombre tenía los ojos rojos y una sonrisa cruel en su rostro.
María empezó a correr, pero el hombre la perseguía. Cada vez estaba más cerca, y María sabía que no podría escapar.
El hombre la alcanzó y la agarró por el brazo. María gritó de miedo, y el hombre le susurró al oído:
«Ahora es tu turno de sufrir».
El hombre empezó a arrastrar a María hacia el interior del bosque. María luchaba por liberarse, pero el hombre era demasiado fuerte.
De repente, María despertó sobresaltada. Estaba empapada en sudor, y su corazón latía con fuerza.
María se quedó sentada en la cama, tratando de calmarse. Todavía podía sentir el miedo que había sentido en su sueño.
De repente, María tuvo otra idea. Cerró los ojos y empezó a imaginar un sueño diferente.
En este sueño, María se encontraba en una playa paradisíaca. El sol brillaba, el mar era azul y la arena era blanca. María estaba feliz y relajada.
María se imaginó caminando por la playa, nadando en el mar y tomando el sol. Se imaginó rodeada de sus seres queridos, que la amaban y la cuidaban.
El sueño era tan placentero que María empezó a sonreír. Poco a poco, el miedo del sueño anterior se desvaneció.
María se durmió de nuevo, esta vez con una sonrisa en su rostro.

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